Blogia
Las clases de miguel

¿La escuela enseña a pensar?

¿La escuela enseña a pensar?

¿Qué nos cuenta la evidencia publicada acerca de la eficacia de las asignaturas para fomentar el desarrollo intelectual de nuestros alumnos? ¿Contribuimos a que aprendan a pensar con eficacia y claridad? Según todos los estudios de evaluación, las metodologías tradicionales (clase magistral, exámenes memorísticos…) no garantizan el desarrollo de la capacidad de razonamiento crítico en nuestros alumnos. Lion F Gardiner, profesor de la Rutgers University, señala en su libro Redesigning education:

"Entre los resultados de aprendizaje de más alto valor para los estudiantes y la sociedad están las habilidades cognitivas de orden superior, la disposición al razonamiento crítico, la resolución de problemas complejos, la transferencia de lo aprendido a situaciones nuevas, el razonamiento ético. Estas habilidades dependen de niveles elevados de abstracción y requieren para su desarrollo de la enseñanza explícita de maneras de pensar específicas (heurística), abundante práctica (implicación activa de los alumnos), evaluación frecuente de su progreso y feedback correctivo e inmediato". 

Estudios recientes demuestran que el impacto de las asignaturas (incluso las universitarias) en el desarrollo de las competencias para el razonamiento crítico, razonamiento complejo y escritura de los alumnos es "barely noticeable" (muy discreto, apenas perceptible). De 2.300 estudiantes en 24 instituciones de Estados unidos, el 45% de ellos no mostraron un cambio significativo en estas competencias (Arum & Roksa 2011). Quien desee profundizar en esto puede leerse el libro “Academically Adrift: limited learning in college campuses” del que Bill Gates dijo que no tenía nada claro que el sistema educativo estuviese haciendo un buen trabajo.

En otro estudio realizado a más largo plazo por el National Institute for Learning Outcomes assessment  se demostró que ni siquiera el estudio universitario garantiza el desarrollo de estas competencias de orden superior sino que tan solo hay un moderado progreso en la mayoría de los alumnos y no se produce en absoluto en hasta un tercio de los alumnos. De las 19 instituciones que participaron en este segundo estudio solo el 60% comunicaron los (terribles) hallazgos y sólo el 25% habían intentado mejorar ante tales desastrosos resultados. 

Ante estos resultados  que demuestran el pobre desarrollo de competencias de orden superior que logramos en nuestros alumnos, tenemos tres opciones. La primera es ignorar estos resultados y acallar a los que se empeñen en mostrarlos. La segunda es reconocer la realidad y esforzarse por intentar cambiarla  para mejorar. La tercera es invertir mucho en marketing y cháchara mediática, para mejorar la imagen y las apariencias ¿Qué camino crees que tomaremos?.

0 comentarios